El arqueólogo Jesús Carrobles, uno de los principales especialistas en el pasado monumental de la ciudad de Toledo en época romana, opina que el desplazamiento de algunos restos de abovedamientos en el Circo Romano debido a las recientes lluvias «deben alimentar el debate» sobre el futuro del BIC «aunque no generar alarmismo». Según el arqueólogo, el corrimiento de estas estructuras de opus caementicium -el antecedente de lo que hoy conocemos como hormigón- no se ha producido por roturas estructurales en nuestros días, sino por la pérdida de sujeción del relleno arqueológico sobre el cual estaban situadas desde la agresiva intervención a la que el Cardenal Lorenzana sometió al Circo a finales del siglo XVIII. «Lorenzana ordenó picar las bóvedas para evitar que sirvieran de vivienda de gentes humildes», operación que se produjo especialmente a la altura de donde hoy es posible apreciar el desplazamiento de materiales, poco antes del arranque del hemiciclo más septentrional del monumento, en paralelo con el muro que cierra el patio del cercano Colegio de Carmelitas.
Durante las obras de consolidación realizadas en los años ochenta y noventa, momento en que se reforzó el Circo a través de pequeños postes de sujeción, «esas estructuras quedaron apoyadas sobre la propia tierra, que las sujetaba, a la espera de que surgiera un proyecto de excavación y restauración que nunca llegó a producirse». Su ubicación en una cota más alta y la lluvia de los últimos meses hicieron el resto. Completa la ecuación, además, la histórica y proverbial desatención a la que el Circo Romano de Toledo ha estado siempre sometido. «Estamos hablando de muchos años sin realizarse intervención alguna, de estructuras muy pesadas colocadas en precario, de muchos días de fenómenos meteorológicos adversos...».
«No es un daño irreversible el que ha sufrido el Circo en los últimos días», continuó Carrobles, a pesar de la disgregación que el opus caementicium ha sufrido en algunos puntos, «pero desde luego se trata de un monumento que plantea abundantes problemas de conservación». El arqueólogo confía en que llegue por fin un proyecto de intervención a la altura de los nuevos tiempos «y que el Circo Romano deje de ser por fin ‘un proyecto a la espera de...’», porque, de lo contrario, situaciones como la que se ha producido «podrían volver a repetirse, bien debido a la lluvia o a consecuencia de la erosión que producen las raíces de los árboles».
En este sentido, Jesús Carrobles destacó que los representantes institucionales se verán, tarde o temprano, obligados a intervenir «para que por fin adoptemos decisiones a largo plazo, no simples dilaciones a la espera de que llegue un gran proyecto que nunca se produce, porque entonces sí que existirá un riesgo preocupante para el Circo Romano».
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