Con una duración de tres años y una cuantía económica de 208.728 euros -aportada en un 72 por ciento por el Consorcio y en un 28 por ciento por la Real Fundación- el convenio rubricado por ambas instituciones está llamado a confeccionar un estudio del entorno de una ciudad porque, según Manuel Santolaya, «no se conoce lo suficiente» y requiere de una investigación ya que «hay que marcar lo debe ser protegido». Con este objetivo, y con la enorme satisfacción de la Real Fundación, el trabajo reaviva la idea del paisaje como elemento a proteger en el sentido, indicó Fernando Ledesma, de que «pertenece a la esencia de todas las personas» y no solo al grupo de «los ricos y elitistas».
En este punto, y dejando claro que la protección eficaz «depende de la voluntad política» y de la gestación de «normas protectoras», el presidente de la Real Fundación consideró que el estudio a desarrollar servirá para «hacer más posible la eficaz defensa de los paisajes culturales de Toledo», en especial la zona de Cigarrales. Insistió, en este asunto, sobre la necesidad de crear una ley siguiendo los dictámenes del Gobierno nacional que, en estos momentos, trabaja en la reforma del Código Penal que transpone una directiva europea en la que se acude al derecho penal para proteger los paisajes.
Y puesto que Ledesma dijo que los firmantes están «claramente en esa línea de pensamiento», intervino el alcalde para aplaudir un estudio que «no será simplemente científico porque profundizará en el mismo terreno». Sobre el paisaje, Emiliano García-Page coincidió con Ledesma en la necesidad de crear una ley del paisaje porque, afirmó, «todos coincidimos en que hay que protegerlo». Recordó, para confirmar el interés, el compromiso suscrito para tal fin tanto por la Ministra de Cultura como por el presidente regional en los Premios de la Real Fundación de Toledo.
En esta «preocupación por la regulación del paisaje», el alcalde aprovechó el momento para adelantar que ya ha encargado al concejal de Urbanismo que sea el próximo año el elegido para «comenzar los estudios preliminares para elaborar el II Plan Especial del Casco Histórico», documento -el primero- que, recordó, conforma el primer capítulo del Plan de Ordenación Municipal porque, aseveró, no son documentos diferentes.
En este punto, y añadiendo que la experiencia ha sido buena, García-Page mostró su disposición a que en la próxima legislatura el nuevo trabajo esté en vigor. Por ello, y puesto que la ocasión era inmejorable, señaló que le gustaría «contar con la colaboración de la Real Fundación» en la redacción de ese «nuevo instrumento urbanístico». Porque, en sus palabras, el Ayuntamiento «no debe monopolizar la preocupación por la ciudad». Así, y teniendo al lado al nuevo presidente de la Real Fundación, el alcalde acercó posturas con la institución apuntando que «la existencia de la Real Fundación ha sido buena» para la ciudad porque «es bueno convivir con las opiniones diversas y con las instituciones que conforman el interés general». Un interés en el que deben implicarse todas las administraciones, sobre todo en lo que concierne al paisaje, porque «la protección del paisaje es tarea de todos».
¿Extramuros?
Quizá corren nuevos tiempos o tal vez se deba a que esta nueva incursión del Consorcio requería de la matización de Emiliano García-Page. Más que nada por el que dirán. Hasta ahora el Consorcio de la ciudad justificaba su ausencia en ciertas intervenciones polémicas debido a que su campo de acción se concentraba en el Casco histórico, pero desde ayer parece que este organismo
-participado por las administraciones públicas- traspasa las murallas para realizar un estudio sobre el paisaje porque, según el alcalde, «la protección no debe limitarse sólo al Casco sino también a la zona extramuros como el Circo romano o Vega Baja». Espacios hacia los que el Consorcio no ha querido ni mirar hasta el momento. Sin embargo, este trabajo -centrado en la zona de los Cigarrales- deja sin justificación la máxima mantenida durante años por el Consorcio, por lo que parece lógico pensar que este órgano de gestión puede traspasar estos límites para, por ejemplo, mirar con detenimiento al abandonado Circo romano.
Esta estrategia fijada por el regidor, tiene como punto clave la deslocalización del Consorcio como único responsable de la actuación en el Casco histórico por estar financiado por todas las administraciones. Hecho que propicia la falta de preocupación por el Casco de las mismas que, claro está, justifican su postura por su aportación. En este punto, García-Page anunció que ha recibido «presiones de las administraciones públicas que conforman el Consorcio», es decir, de la Diputación, la Junta y el Gobierno central, para que éste asumiera obras en sus edificios, algo que más que aportar beneficios los reduce.
Así, y apostando por un cambio de tercio en la imagen y los ‘usos’ del organismo público, Emiliano García-Page insistió en que el Consorcio debe tener «un papel de liderazgo» pero no de «monopolizador» de todo lo que ocurre en el centro histórico, ya que deben ser todas las administraciones las llamadas a implicarse en la conservación y revitalización del Casco histórico de Toledo.
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