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miércoles, 23 de mayo de 2012
Talavera
Sociedad

La eterna lucha de María por honrar a su madre

J. M. / Buenaventura - domingo, 05 de febrero de 2012

María Martín, vecina de Buenaventura, declaró ante el Tribunal Supremo en el juicio a Garzón por la investigación del franquismo

María se maneja fuera de su casa con un andador que deja a los pies de la entrada a su domicilio, en Buenaventura, porque en el interior se ayuda de una pequeña silla para recorrer las estancias. Sus 81 años, martilleados con duros trances, han modelado un físico frágil alimentado con una voz afónica que fuerza para que el interlocutor siga su relato. Sin embargo, su inquebrantable apasionamiento para detallar una infancia desbaratada durante la represión franquista evidencia una fortaleza confirmada por la lucha que emprendió hace tres décadas para recoger y enterrar los restos de su madre. Esta semana, emocionó a la opinión pública durante su declaración ante el Tribunal Supremo en el juicio que se sigue contra el juez Baltasar Garzón por un posible delito de prevaricación al investigar el franquismo. Ya octogenaria, espera poder vivir el día más feliz de su vida.

Junto a su marido, María Martín ve por la televisión un documental, su entretenimiento preferido en la pantalla. El aparato está flanquedo por recuerdos, entre ellos, una fotografía de sus padres. María se quedó huérfana de madre en septiembre de 1936 cuando se llevaron presa a Faustina: «No la volví a ver», recuerda . La ejecutaron en la localidad abulense de Pedro Bernardo. Tenía seis años cuando vio cómo sacaban a su madre de casa, cómo la cortaron el pelo, cómo le pusieron un lazo rojo y cómo «la paseaban por el pueblo».

una vida de luto. La vida de Faustina acabó ejecutada «en una de esas cunetas» en la actual carretera comarcal 501 en Pedro Bernardo. María saca un rudimentario dibujo de la carretera para marcar el lugar exacto donde fue abandonado el cuerpo, una zona más difícil de excavar ahora tras unas obras. Esta mujer enlutada desde hace más de 30 años, que puebla su discurso con refranes, no se quedó quieta y siguió la incesante labor emprendida por su padre para enterrar los restos de su madre. Ha escrito durante este tiempo hasta al Rey Juan Carlos para que «alguien poderoso» diera solución a su empeño que no fructificó en el Ayuntamiento de Pedro Bernardo.

María Martín, que pide insistentemente perdón por las molestias que pueda causar su demanda e interrumpe la conversación a causa del esfuerzo en la voz, defiende que ha perseguido su objetivo «amablemente» aunque sin conseguir enterrar los restos, que siguen en un lugar que visita periódicamente y en el que deja un ramo flores, tal y como hizo el jueves, un día después de declarar ante el Tribunal Supremo.

relato en el juicio. María Martín, que trabajó durante 12 años como sirvienta en Madrid, superó sus achaques físicos y declaró ante los siete magistrados del Tribunal Supremo en el juicio a Baltasar Garzón, el juez al que envió cartas pero que no conocía en persona. La mujer narró los hechos del 21 de septiembre de 1936 y dio los detalles del lugar donde acabó el cadáver de su madre. «Pegada al puente, en un ensanche donde luego han echado tres metros de tierra por encima», precisó.

En la vista, indicó que hasta que interpuso la denuncia en la Audiencia Nacional ninguna administración había hecho nada por ayudar a encontrar los restos de su progenitora y del resto de ejecutados ese mismo día en Pedro Bernardo. 27 hombres y 3 mujeres. «Sólo un hombre se escapó y no lo encontraron», dijo en Madrid. El representante del sindicato Manos Limpias, que solicita una pena de 20 años de inhabilitación para Garzón por un delito de prevaricación, señaló después del testimonio que no entendía la presencia de los denunciantes de la represión franquista. El presidente del tribunal, Carlos Granados, contestó: «Es el presidente el que determina las pruebas que son pertinentes».

María se niega a dar los nombres de los asesinos para no dañar a los hijos de los autores. «Ya están muertos. No voy a hacer sufrir a esos hijos, que no saben que sus padres estaban ahí metidos», reflexiona. Y añade: «No he dicho los nombres ni los diré. Si digo los nombres, haré daño a los hijos y no quiero seguir haciendo daño».

el día esperado. De niña, sufrió también represalias; así como su padre, quien recibió palizas aparte de estar en la cárcel, tal y como relata María. «Lágrimas no puedo echar ninguna», dice en una de las interrupciones por la fatiga causada por forzar una voz débil de tono pero fuerte de espíritu.

Su padre, antes de morir, le animó a continuar con los trámites para hallar los restos después de que a él no le dejaran enterrarlos en el cementerio. Desde el año 1977, María Martín no ceja en el empeño.

«El día que me entreguen los restos de mi madre, si lo llego a conseguir, me sentiría en el séptimo cielo, sería el día más feliz de mi vida», confiesa. Con 81 años, María, que ya ha enterrado a una hija, espera todavía ganar la batalla y poder dar sepultura a su madre.

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