La tragedia llamó a la puerta de la casa de la familia Berrio-Arellano, ubicada en el número 1 de la calle Donantes de la localidad toledana de Mocejón. El día 1 de febrero por la mañana comenzó a arder la casa familiar con dos de las hijas del matrimonio compuesto por Cayetano y María del Carmen en su interior (Sandra de 21 y Gema de 16), además de el hijo de la mayor de ellas, Héctor, de tan solo dos años de vida. La desgracia pudo haber sido aún mayor si María del Carmen no se hubiera acercado hasta su casa antes de ir al polígono de la localidad donde iba a dejar los cartones recogidos de diferentes supermercados y establecimientos del municipio. La suerte quiso que llegara antes que las llamas y el humo invadieran la parte superior de la casa donde estaban durmiendo sus dos hijas y su nieto.
Gema no había ido ese día al instituto toledano donde estudia. Estaba enferma. Su madre había llevado a sus otras tres hermanas pequeñas (María del Carmen de 11, Esther de 9 y Rosario de 8 al colegio de Olías del Rey) y se había quedado con su hermana mayor y el hijo de ésta. Tras ir al médico, se volvieron a la cama, en el piso de arriba de la casa, una especie de cámara de las casas antiguas restaurada como dormitorio. Sobre las diez de la mañana la madre regresó a la casa, para llamarlas para que fueran realizando algunas tareas. Al llegar, vio que algo no iba bien. El humo se veía salir desde la puerta y al acceder al salón de la casa un fogonazo se le vino encima. No le sucedió nada. Llamaba a sus hijas nerviosa "bajad, bajad". El salón estaba en llamas, el humo se extendía por las habitaciones del piso de abajo y pudieron salir a la calle, donde fueron auxiliadas por sus vecinos. Había ardido todo por una estufa de leña. La fortuna quiso que no se produjeran daños personales, aunque la casa ha quedado afectada en su totalidad, salvo la habitación superior.
María del Carmen relata a este diario con las lágrimas en los ojos lo que sucedió. «Cuando abrí el picaporte de la puerta del salón me reventó». Su marido había ido a varear la aceituna a una finca donde les permiten recogerla para poder seguir adelante con toda la familia, ya que ninguno de los cuatro miembros mayores de edad tiene trabajo. Su yerno no se encontraba en el domicilio en ese momento y sus otras hijas estaban en el colegio. Como ella se encontraba recogiendo cartón llevó a su marido a la varea y prosiguió con su ruta de recogida para dejarlo todo en el polígono de Mocejón.
Tras el incendio, esta familia de nueve miembros con cuatro menores, está saliendo adelante gracias a familiares, vecinos, el Ayuntamiento, la ONG Mensajeros de la Paz y quienes se han volcado tras perder prácticamente todos sus enseres personales.
«No tenemos nada, no tenemos ningún recuerdo», lamenta María del Carmen, aunque le alivia saber que sigue estando junto a su marido, sus cinco hijas y su nieto.
«Soy una madre muy luchadora, no me gusta pedir nada a nadie, no me gusta que me den nada. Procuro sacarlo yo todo adelante. Cuando ya lo pido es que me veo muy apurada. Si no tengo para calentarme no me caliento y le digo a mis hijas que se tapen con una manta», dice.
Y es que este suceso podría no haber sucedido si en vez de leña en una estufa hubieran tenido calefacción. Los radiadores no funcionaban hace días dado a que se habían quedado sin dinero para poder llenar el depósito de gasoil. Fueron a la empresa que desde hace quince años se lo proporcionan, pero como no iban a poder pagarlo hasta el día 10 de febrero, cuando recibiera su paga María del Carmen, tuvieron que frenar el frío comprando una estufa de leña. Era nueva, adquirida hacía solo cinco días y la causante del incendio.
«Si no llego a ir a mi casa y me voy al polígono hubiera sido más grave», se lamenta María del Carmen, quien acompañada de su familia, agradece a todo el mundo lo que están haciendo por ellos.