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martes, 22 de mayo de 2012
Provincia
Pudo cometer una agresión sexual en un permiso carcelario, tras ser condenado por otra. Ha sido juzgado en la Audiencia Provincial

El violador simuló su rehabilitación antes de ser detenido de nuevo

J.A.J./Toledo - jueves, 02 de febrero de 2012

Pasó por un curso para reinsertar a maltratadores sexuales en la cárcel y estaba en situación de pedir el tercer grado. Ahora, se estima un 80 por ciento de probabilidades de que recaiga

Saturnino A.R., un ciudadano español condenado en firme por una violación ocurrida en Toledo hace tres años, pasó por un curso de rehabilitación de maltratadores sexuales en la cárcel antes de ser detenido en 2010 por un delito similar presuntamente cometido en Olías del Rey mientras disfrutaba de un permiso carcelario. Este segundo caso, que tuvo como víctima a una mujer marroquí de mediana edad, se juzgó ayer en la Sección Primera de la Audiencia Provincial.

El dato fue hecho público en la misma vista oral por uno de los psicólogos forenses que ha estudiado el caso. El propio acusado declaró ayer que en el momento de su segundo arresto estaba en situación de conseguir el tercer grado -prisión atenuada en la que se permiten periodos largos de pernocta fuera de la cárcel- si hubiera obtenido un empleo. Ahora, A.R. se enfrenta a una petición de pena por la Fiscalía de más de siete años por la violación, que no llegó a consumarse, y lesiones que causó posteriormente a la víctima. Si se le declara inocente, terminará los seis años de prisión que ahora tiene impuestos el año que viene.

Según las explicaciones dadas por el forense, una de las cuestiones que estudió en A.R. tras su segunda detención fue por qué repitió su tendencia de maltratar sexualmente a una mujer pese a haber terminado un curso de rehabilitación. Su explicación fue que el acusado se comporta con «frialdad» y no es capaz de ponerse realmente en el lugar de una víctima a la hora de reprimir sus bajos instintos. Negó que esto se deba a una dolencia mental, ya que puede diferenciar el bien del mal. Sí concluyó que padece una cierta psicopatía por no lograr identificarse con el dolor de una mujer agredida. Y, por ello, remarcó que si un delincuente sexual suele tener un riesgo de recaída medio que va el 14 al 43 por ciento, en el caso de A.R. se presenta «un riesgo de recaída del 80 por ciento en los próximos seis años».

Ahora, A.R. se enfrenta a la denuncia de la fémina B.A.E.A. Esta magrebí afirma que el 20 de marzo de 2010, A.R. le citó tras ver su teléfono en el anuncio de una publicación en el que se ofrecía para trabajar. Según su versión, el acusado quedó con ella en la estación de autobús de Madridejos. Se presentó como un almacenista de material de fontanería que le ofreció, con todo lujo de detalles, ser transportista de su mercancía por tiendas y obras de la provincia. Tras hacerla conducir con su coche por esas obras, ganándose su confianza, la hizo dirigirse a un camino estrecho en un descampado cerca del Centro Comercial Puerta de Toledo de Olías. Fue allí, explicó entre sollozos, donde se le abalanzó y le hizo detener el vehículo. Primero le rasgó la camisa para besarla los pechos mientras se masturbaba. Después le empujó la cabeza hacia su miembro viril mientras le decía «mora, chúpamela». Al resistirse, el hombre cesó y huyó a pie del lugar alegando que iba a buscar un amigo.

La mujer alegó sentirse bloqueada por el miedo para justificar que no la denunciara inmediatamente. Sin embargo, el hecho de que el acusado la volviera a telefonear la llevó, aconsejada por su hija, a presentar denuncia ante la Guardia Civil. Después de que la llamara de nuevo, concertó una cita con él en la estación de autobuses de Toledo el 20 de mayo, avisando al Instituto Armado para tenderle una trampa. Cuando A.R. llegó allí y vio que no estaba sola, le dijo «cabrona, por qué has venido con gente» y se inició entre ambos un forcejeo en el que la causó una fractura en el dedo de una mano.

A.R. mantuvo que lo dicho por la denunciante era «mentira». Al proclamarse inocente, insistió en que había contactado con la mujer para contratarla como taxista- como si no hubiera en Madridejos- para que le ayudara a ir por varios municipios a buscar empleo. Achacó la denuncia a que no le pagó lo que le prometió por los desplazamientos, aunque la mujer ha renunciado a toda compensación económica por los hechos.

...Y buscaba una rumana.

El fiscal destacó la coherencia del testimonio de la víctima en todo el proceso frente a las contradicciones de lo declarado por el acusado en este tiempo. Y remarcó que el crimen era «prácticamente calcado» al que ya la ha llevado a prisión. Aquella vez engatusó con una oferta de empleada de hogar en Madridejos a otra inmigrante, en este caso boliviana, a la que conoció por otro anuncio. Luego la llevó con engaños a un pinar cerca del hiper Puerta de Toledo para forzarla.

En el caso ahora juzgado no hay restos biológicos que prueben la agresión, a lo que se agarró el defensor de oficio para pedir la absolución. Sin embargo, el fiscal sacó el detalle de que, durante su arresto, a A.R. se le confiscó un anuncio manuscrito en el que ofrecía empleo doméstico a una chica rumana, pese a estar encarcelado.

El fiscal también recordó la contundencia de los forenses al dar veracidad a la víctima y negársela al acusado. Y es que otra psicóloga recordó en el juicio que, tras ser preguntado por la agresión en Olías, el acusado se jactó de que saldría absuelto de esto porque «ahora no tienen nada», en referencia a la falta de rastros como semen que sí existieron en el asunto por el que ahora cumple condena.

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