El resultado final del Congreso Federal del Partido Socialista, celebrado este fin de semana en Sevilla, deja muchas lecturas. La ajustada victoria de Alfredo Pérez Rubalcaba sobre Carmen Chacón dibuja un partido dividido casi con escuadra y cartabón. Un escenario peligroso si se tiene en cuenta que el poder es la única argamasa que une a los partidos y el único bálsamo que calma a quienes discrepan con la línea oficial. Y tras perder el Gobierno de la nación, casi todo el poder territorial en las pasadas elecciones autónomas y afrontar con bastantes incertidumbres el proceso electoral en Andalucía, los socialistas tienen de todo menos poder. Así que no sería de extrañar que la nueva dirección saltara por los aires si el feudo andaluz termina por perderse como ya sucedió en regiones como Castilla-La Mancha o Extremadura.
Sin embargo, la bruma que envuelve al resultado del Congreso Federal se disipa cuando se analizan las consecuencias que tendrá sobre el próximo congreso regional que se celebrará los próximos 25 y 26 de febrero.
No es exagerado decir que en, clave regional, el ganador del XXXVIII Congreso Federal fue Emiliano García-Page. El secretario provincial de los socialistas es un político avezado, que ha sabido sacar provecho de todo el proceso utilizando para ellos dos tácticas. En primer lugar, el alcalde de Toledo se ha erigido en defensor del municipalismo y en paladín de la política de lo cotidiano, sabedor que los pocos alcaldes que han resistido al "tsunami" electoral son los únicos que pueden presentarse en Ferraz como grandes vencedores en momentos de gran adversidad. A la bandera del municipalismo, tan denostada por cierto por los partidos mayoritarios que han pospuesto "sine die" el abordaje de la financiación y marco competencial de los ayuntamientos, ha sumado también su calculada ambigüedad. Indefinición, alimentada mediáticamente, en torno a si finalmente iba a convertirse en la imagen de una tercera vía que finalmente no se concretó, pero también equidistancia a la hora de decantarse en público sobre cuál era su preferido para liderar el partido, que no era otro que Rubalcaba.
Este juego de coqueteo con ambos candidatos ha tenido más valor si cabe dado lo ajustado del resultado. Los 22 votos por los que ganó Rubalcaba bien podrían ser los 16 de la delegación toledana. Un apoyo necesario que le han valido la entrada en la dirección nacional del partido y que le abren las puertas a la secretaría general del PSOE de Castillla-La Mancha. Y es que, como ayer dijo Alfredo Pérez Rubalcaba tras la reunión de la nueva Ejecutiva, «yo, confío en él».