Rubalcaba era un oxidado clavo ardiendo, pero lo que les ofrecía Chacón era un brocha. Y se agarraron al clavo. Carmen entró eufórica y salió llorando. El chute (son palabras de los suyos) de su discurso, jaleado por sus groupis, fue tan agudo que terminó en chillido y el aria en gallo acabó por tocarles los oídos a los que no formaban parte enfervorizada de los fans. Después del subidón vino la llantina y del chute se pasó al bajón. Y ahora al cabreo. La batalla del Congreso se ha cerrado solo para abrir la puerta a la guerra de guerrillas. Las enfatizadas proclamas de unidad son directamente proporcionales a la gresca interna y los abrazos lo que buscan es la espalda para la puñalada.
Chacón tenía ganado el Congreso al entrar por la puerta del hotel. O casi. ¿O no era tenerlo en la mano con el PSC en bloque, Andalucía (o eso creía Griñán) en el puchero, igual que Madrid con Invictus Gómez a su lado, Valencia pastoreado por Pajin y al amigo Barreda en La Mancha? Eran los grandes, los siempre decisivos y encima el marketing de la juventud y cambio contra el que era el viejo y el más evidente perdedor, la cara de la derrota electoral.
Pero algo falló. La alegre muchachada, los sonrientes descuidados y las chicas descaradas, que de la mano del arcángel san ZP se metieron al pleno en el bolsillo en el 2000, ahora resulta que eran ex. Todos, en realidad en el PSOE, son ex o a punto de serlo. Pero es peor los que pretenden seguir sacando la guitarra de jovenzuelo en la reunión.
La tramoya estaba bien montada pero esta vez el personal no se tragó del todo el spot. Quienes les vendían la colonia eran quienes les había dejado en el paro. Los delegados eran también, en su mayoría, unos ex, los damnificados por la mayor hecatombe de la historia socialista que ha arrumbado con sus cargos y con todo su poder. Aunque los Congresos tengan siempre su punto de akelarre y de borrachera emocional tendente a olvidar el frío que hace fuera, pretender que lo pasado no era cosa suya y que ellos, el zapaterismo en estado puro y sus desvertebraciones, que amen de España se ha llevado por delante al propio partido, eran unos chicos nuevos, un grupo pop de nueva formación era excesivo. Aunque estuvieron en un tris de que les compraran la cara B del mismo disco. Una docena de votos ganados o, mejor dicho, no perdidos en la recta final y hoy serían superventas. Y Griñán, como Chacón convencida de su triunfo anunció al propio González, hubiera sido también presidente del PSOE. Pero con gusto y no como rehén, que es lo que es.
Las lágrimas enfurruñadas de la perdedora fueron el preludio de lo que está por venir. Su negativa a formar parte de la dirección y su ostracismo voluntario en el Parlamento no auguran nada bueno para eso que se clama tanto cuando más falta: la unidad. Tiene el mismo valor que la de integración para Rubalcaba: Los míos y unos adornos. La revancha ya ha sido convocada. Con una canción amiga y partidaria: Un día nuevo brillara de Luz Casal.