He de reconocer que D. Emilio Botín -respeto el tratamiento a quién se lo merece- me cae bien. Ha logrado que haya un banco español que juega en la primera división internacional y se permite chapurrear un inglés incomprensible porque sabe que es problema de los demás el entenderle. Dicho esto, la última de D. Emilio de la pasada semana es de chirigota, acusa a los políticos como culpables de la que se nos ha venido encima. Lo que no es faltar a la verdad. Sobre algunos de los que han regido los destinos de este país en los últimos años habría que escribir un libro que recogiera el cúmulo de errores por acción y por omisión que nos han llevado a este desastre. Pero no están solos los políticos, en el principio de este lío han estado los financieros que montaron una pirámide de activos que tenían unos falsos cimientos. La ambición de unos y la ceguera de muchos sembró el campo que ha traído estas cosechas de desgracia.
Que no haya habido en la intervención de D. Emilio un mínimo de autocritica desvirtúa la fuerza de su análisis. Podía incluso haber eximido al Banco que preside, ya que las cosas no le van mal, pero dejar pasar de rositas al sector financiero sin considerar que es el origen de esta crisis y, en gran parte, el responsable que la misma siga, no ha estado bien. En esto se demuestra que a todos nos gusta más ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio. Se sigue disculpando lo que cada uno ha hecho con la actitud tan española de simplificar nuestra culpa con un simple «y tú más». Así la banca acusa a los políticos, estos a los especuladores, unos a los ayuntamientos, otros a las comunidades autónomas y lo cierto es que aquí todos se estaban lucrando de un sistema que permitía a Zapatero decir que ya estábamos entre los 9 países más ricos del mundo. Si todos sabíamos que la balanza de pagos de España era deficitaria, si el endeudamiento de empresas y familias estaba en niveles estratosféricos porque todos queríamos vivir por encima de nuestras posibilidades, si los ayuntamientos calificaban suelo como si se tratara de dar a una máquina de hacer dinero, si las comunidades autónomas admitían, cuando no propiciaban planes de urbanismo disparatados por lo que de ingresos vía impuestos les suponía, si el Gobierno Central no movía una ceja por lo que ingresaba de una economía sobrecalentada. Y miles de españoles especulaban cambiando suelo rústico por urbano o vendiendo pisos sobre plano. Y una mayoría silenciaba la crítica que a este sistema se podía y debía hacer, por no ser lo políticamente correcto. En fin, que va a tener razón D. Emilio, la culpa, de los políticos y estos podrán responder fácilmente con un simple «y tú más». Mientras tanto que pocos responsables están pasando por el banquillo de los acusados para dar explicaciones de la ruina que han causado.