El discurso final, clausurando el emocionante congreso socialista, del ya secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, se centró más en la (re)construcción de su partido que en cuestiones de política nacional y, menos aún, internacional. Y, sin embargo, todos los ojos están mirando a las propuestas de Gobierno alternativo que el nuevo líder de la oposición pueda lanzar a la nación en materia de «empleo, Europa y equidad», que son las tres E en las que Rubalcaba resumió las necesidades del país.
El secretario general dijo que el PSOE pactará con el Ejecutivo «cuando el Gobierno acierte». Pero, a continuación, lanzó una cascada de críticas a las últimas actividades de Mariano Rajoy. Quienes piensan, pensamos, que España necesita grandes acuerdos en las materias más importantes, no podrán sino sentirse pesimistas ante las palabras y el tono del flamante dirigente socialista: si no hay cambio de rumbo -y yo confío en que lo habrá-, mal dadas vienen las cosas para el concepto de pacto a escala nacional.
Lo lógico -que no siempre es lo que ocurre- es que el nuevo secretario general y, por tanto, líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, se entreviste en los próximos días, o en las próximas horas, con el presidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy. Son ya dos viejos conocidos que se enfrentaron, con el resultado sabido, en las elecciones generales de noviembre, y quién sabe si volverán a hacerlo allá por 2015, aunque habrá corrido mucho agua bajo los puentes para entonces. Lo importante ahora es saber qué tipo de oposición hará Rubalcaba y qué tipo de cooperación política habrá, o no habrá, entre los dos principales partidos nacionales.
Tremenda la responsabilidad que ha contraído el veterano Rubalcaba. Nada menos que reinventar -término que él niega- la izquierda y la socialdemocracia, que tendrá que crear y creerse nuevas recetas para afrontar la era que, imparable, ha comenzado. Y nada menos, también, que afrontar la alternativa a la mayoría absoluta municipal, autonómica y nacional del PP. Y, sin embargo, no le he escuchado al nuevo secretario general demasiadas fórmulas novedosas para llevar a cabo una tarea que se reclama revolucionaria, ni he oído de su boca muchas propuestas de colaboración con el Gobierno que él llama «de la contrarreforma». Más bien, en este congreso hemos oído al líder socialista amenazar con la ruptura con el Ejecutivo del Partido Popular si este prosigue «su involución» en temas sociales.
Más que lo que pueda hacer por la unidad de su partido -la nueva ejecutiva tuvo un 20 por ciento de rechazo, lo que no es poco y dice mucho, en cambio, de la escasa integración en la nueva dirección federal-, me parece interesante e importante lo que Rubalcaba tenga ahora que transmitirle a Rajoy.