Un lector nos da el soplo: abrir la página de la sala de subastas de Cristie´s. Asombrados, vemos como durante estos días asistimos en Amsterdam, Londres y Nueva York a la subasta de más de 25 lotes de cerámica de Toledo, casi todos azulejos. Y a unos precios altísimos.
Es asombroso comprobar cómo, a pesar de la Ley de Patrimonio 16/1985, a pesar de transferir a las Comunidades Autónomas la competencia para, con la «cercanía», favorecer la conservación y el control del patrimonio cultural, y de contar el Ayuntamiento con un servicio de arqueología, seguimos viendo como se expolia el patrimonio de nuestra ciudad en uno de sus rasgos más característicos y emblemáticos.
Por el precio que alcanzan las piezas no es de extrañar que el comercio de las mismas sea nutrido y dinámico. Y no tienen, en su mayoría, una procedencia de colecciones conocidas o de comercio de antigüedades histórico. En los últimos años hemos visto, al asomarnos a los zaguanes y patios toledanos, al andar por sus calles y adarves, cómo desaparecen zócalos, solerías y bajeras de los balcones. Cómo en casas, conventos o edificios públicos que había interesantes piezas de azulejería, tras reformas o rehabilitaciones, se desvanecen como por ensalmo, siendo sustituidas por obra moderna o disimulados diseños.
¿Qué hace el servicio de arqueología municipal?. ¿Los técnicos del Consorcio informa puntualmente de la pérdida de elementos cerámicos de interés a las autoridades?. Los arqueólogos en las memorias que entregan a la Consejería de Cultura, ¿Dan cuenta de la desaparición de éstas piezas?. Hace unos meses denunciábamos desde estas páginas la pérdida de piezas cerámicas en el balcón que al Arco de Palacio se asoma desde las dependencias del claustro catedralicio, y me consta que esta columna se recorta y lee por autoridades competentes ¿se hizo algo de oficio?.
Y, tristemente, los últimos ceramistas que quedan en la ciudad, los hermanos Lancha, traspasan su negocio, mientras que en la ciudad se vende cerámica industrial o foránea al turista. Mientras, el Museo de Santa Cruz exhibe una espléndida colección de lo que fue el arte cerámico en nuestra ciudad. Triste destino.