Hace años, en algún punto de mi colaboración con este periódico, decidí escribir columnas para «gourmets». Para gentes que quisieran apreciar la literatura. Que pudieran paladear la sonoridad de una frase, la sorpresa de un giro imprevisto. La narración misma. O también una interpretación de la realidad cotidiana divergente de los tópicos y lugares comunes al uso. O que apreciara que la Historia, que nos contaron en nuestra infancia y juventud, y aún ahora nos siguen contando, casi nunca tuvo relación con lo que ocurrió en realidad. La Política y la Historia suelen ser dos hábiles maquinarias del falseamiento de la verdad.
Evidentemente la decisión entrañaba algunos riesgos. Que el lector no entendiera los textos y los mensajes. Que le resultaran sorprendentes. Que demandara tratamientos más particulares, menos generales; más provincianos, menos universales. Que exigiera un final con moralina, buenos consejos o una implicación del escritor menos distanciada. Desde el día de aquella decisión, las columnas se han ido sumando. Unas mejores, otras no tan buenas; algunas excelentes. Siempre, desde luego, buscando cumplir los objetivos de transformar la opinión del lector. Por las respuestas obtenidas, la elección fue un acierto. Sin querer parecer pretencioso, son varios los adictos a esta columna. Los que se confiesan seguidores leales. Los que, sin confesarlo, en algún momento manifiestan su acuerdo o desacuerdo. En fin, demostrar que han leído la columna.
Es cierto que en ocasiones algunos se sienten descolocados. No saben si, lo que se escribe, va en serio o en broma. Ni siquiera si es ficción o pensamiento del autor. Lo cual es un buen truco para atrapar a un lector posible. Al fin y al cabo escribir tiene bastante de prestidigitación. Y es que siempre es necesario, sobre todo en unos parajes como estos escasamente aficionados a la prensa local, aspirar a crear clientela. No existe por aquí, como en otros lugares de España, la atracción del periódico local. La fidelidad a ese instrumento de trasmisión de la noticia cercana, que no por eso debe carecer de calidad. Ejemplos de diarios locales de valor existen varios en nuestro país. No tenemos porque quedarnos fuera. O al menos hay que intentarlo.