El Parlamento catalán votó ayer a favor de la prohibición de las corridas de toros en todo su territorio. Al final, el resultado de la votación fue de 68 votos a favor, 55, en contra y nueve abstenciones. Pronto los grupos animalistas rompieron con gritos en la cámara legislativa catalana, mientras que los estamentos protaurinos guardaban un silencio sepulcral, que se resumía en la imagen del matador de toros Serafín Marín, con la cabeza baja y sin querer levantarse de su asiento de invitado.
La prohibición de las corridas de toros entrará en vigor el 1 de enero de 2012, si la argucia legal del PP en el Congreso sale adelante o si el Tribunal Constitucional no dice lo contrario.
En la prohibición de las corridas de toros se dan varios fenómenos que tarde o temprano tendrán que explicar los responsables políticos catalanes. El primero de ellos es como iniciativas legislativas populares con más apoyos que los 180.000 conseguidos por la plataforma Prou! han sido ignoradas por los dirigentes políticos.
El segundo es si las autoridades catalanas se han parado a estudiar uno por uno los firmantes de la ILP, ya que si es de cumplimiento en el territorio catalán, ¿qué pintan firmantes del resto de España en este movimiento animalista acotado a unas provincias concretas?
El tercero es una incongruencia de partida por parte de la plataforma animalista Prou! y de los partidos políticos que han apoyado la ILP (ERC y CiU, principalmente). Los animalistas aseguran que van en contra de toda clase de maltrato animal en Cataluña, pero sólo piden la prohibición de las corridas de toros. Dejan fuera los festejos populares que tienen en el ganado bravo a su protagonista como son los correbous, cuya implantación en Cataluña es mayoritaria en las fiestas veraniegas. Como siempre en el caso de los animalistas, la demagogia hace acto de presencia en sus reivindicaciones. En este caso, esta plataforma ha encontrado el altavoz de los nacionalistas catalanes, que se han aprovechado de la situación para intentar marcar distancias respecto a España. Al mismo tiempo, hacen la vista gorda en otros festejos con animales de por medio, porque son espectáculos catalanes.
En definitiva, hoy la democracia es menos democracia, porque se han limitado, aún más, las libertades de los catalanes por una cuestión meramente política, apoyada en el movimiento animalista. Pero lo más sangrante es que en estos momentos hay asuntos más importantes en el país que la prohibición de los toros en Cataluña.
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