¡Ole, ole y….ole! En mitad de una crisis con las proporciones de una tormenta perfecta; cuando los partidos son incapaces de llegar a un pacto; cuando pactar o no pactar es una táctica electoral, no una cuestión de los intereses nacionales, y ante la incapacidad de Zapatero para invadir Venezuela o Cuba, aparece la lideresa, en representación de la derecha, y nos propone reencontrarnos con la ilusión. Mientras resulta impensable ponerse de acuerdo sobre la reducción del déficit público, la reforma laboral, la transformación del sistema productivo la adecuación de la educación, nada más impresionante que declarar la fiesta nacional Bien de Interés Cultura (BIC). ¡Esta es una de esas decisiones que salvan a un país! No han tardado en sumarse a la iniciativa otros Presidentes. Algunos mejor hubieran estado callados. Aunque lo que importa no es lo que se dice, sino las veces que se sale en los diarios, telediarios y revistas variadas. ¡Ole, ole y….ole!
Hasta ahora y, apartir de ahora más, nuestra cultura se nutrirá del dolor ajeno, aunque sea animal. A un toro, bicho mítico, criado con mimo en las dehesas y campas para ser torturado, se le clava una pica para destrozarle nervios y músculos. A continuación se le colocan unos arpones de colores entre saltarines chorros de sangre. Después se le introduce un estoque de 80 centímetros que busca directamente partir el corazón. Y como las menos veces se consigue, se desgarran pulmones, pleuras y otros órganos vitales. En un intento de huir de un terror incomprensible -¿sienten miedo los animales? Y, si sienten miedo, ¿por qué no dolor?- su instinto les lleva a buscar una salida. No puede y cae agonizando. Para acelerar la agonía, que el tiempo apremia, le clavan una cuchilla de 10 centímetros. Y por fin, con un puñal, se le secciona la médula espinal. Si procede, se le cortan orejas y rabo. Y la cosa termina arrastrado por la arena, dejando una mancha de sangre. Estas serán las bases culturales sobre las que edificaremos nuestras acciones éticas; sobre los que fundamentaremos nuestros valores altruistas; sobre los que crearemos una sociedad de seres libres, respetuosos y tolerantes. Sobre comportamientos inhumanos moldearemos nuestra sensibilidad cultural y gustos estéticos.
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