En las últimas columnas habíamos resucitado del olvido la casa de la Cárcel del Vicario, número 13, en la que en los felices 20 se había instalado un grupo de intelectuales bajo el amparo del mexicano Alfonso Reyes, entre los que destacaban Américo Castro y Eugenio D’Ors. Entre vinillos de Buenavista y paseos, fueron los más directos antecedentes de la Orden de Toledo y de que la siguiente generación de Buñuel y Dalí campase a sus anchas en las noches toledanas. Esta oportuna conjunción astral de tipos listos pero gamberros, como un servidor, y que hoy sólo se podrían encontrar en el ya archifamoso ‘Quiosco Catalino’, dejó algunas descripciones inéditas de la vista de Toledo desde el ‘ventanillo’ de la casa, que todavía hoy se conserva: «Una arquitectura de baraja sirve al ventanillo de pedestal: los tejados se encaraman unos sobre otros como barcos apiñados por la resaca, dejando apenas escurrir, por las hendeduras, tortuosos hilillos de calles. Los montes, al frente, llenan el horizonte hasta medio hielo, y acogen y multiplican los ruidos de la ciudad». La anterior pertenece a Alfonso Reyes y no es de menor calidad la descripción muy etnográfica de una siesta toledana de Eugenio D,Ors: «La piedra se tuesta bajo el sol. Hierven los rumores. Acaso, de lejos, zumba el río sus endecasílabos clásicos. Dominan los cantos de las golondrinas y las voces de los niños. Se oyen, a ratos, los pregones, y el cuerno del carbonero suena por entre las calles, torciéndose al capricho de éstas como para untarse entre las paredes...Los gallos, atentos al tiempo, centinelas del meteoro, descargan clarinadas largas. El rebuzno pánico del asno bombea y electriza el aire. Tejen su danza las campanas, y su minueto señorial se prolonga en ondas que el monte multiplica y borra en alas...».
En estos tiempos de carnestolendas, el cuerpo nos pide dedicar esta columna a la fama y gloria del claro varón Don Dionisio Aires, ventero de la ilustre venta que lleva su nombre junto al circo romano de Toledo y nuestra alma nos pide ofrendar, desde este humilde púlpito, todo nuestro cariño a la concejala de fiestas y carnavales Carmen Jiménez por su sonrisa permanente y su buen rollito (guay) ante tanto tonto suelto que la critica desde el conservadurismo más cerril y carpetovetónico. La cofradía del ventanillo la hubiese hecho santa sin vacilar. Nuestro apostólico alcalde tiene una Santa Carmen laica como contrapunto. Esperamos a los dos en el Catalino, ahora que se ha puesto de moda y que incluso el presidente de la Real Fundación de Toledo, Fernando Ledesma y la gerente de la Real Fundación, Doña Paloma Acuña nos hacen el honor de ‘mojar el churro’ (con chocolate) en nuestro humilde local.
Estreno: "Origen"
Sheryl Crow saca nuevo disco
Estreno: "Splice: Experimento Mortal"
Carla Bruni, de rodaje con Woody Allen
Maradona se siente