Valentín Velasco
El lunes tuvo el alcalde un día harto ajetreado, pues el roto de la muralla hizo que se moviera el fin de semana para proceder a su reparación. Pero apenas acabó la visita y reunión técnica, que organizó con responsables del Ministerio de Cultura, se fue a almorzar con su socio de coalición de Gobierno Municipal, Aurelio San Emeterio; imagino que con el propósito de poner fin a las polémicas que se han venido suscitando en las últimas semanas en base a profundas discrepancias, tanto de gestión como de reparto de tareas y competencias. En tal sentido el último desencuentro se produjo a resultas de la propuesta de Izquierda Unida de poner en marcha los Presupuestos Participativos al objeto de hacer una distribución asamblearia de los recursos, lo que contó con la total oposición del propio alcalde, en principio, postura avalada por el informe técnico del Secretario del Ayuntamiento, quién basó su resolución, como no podía ser de otra manera, en los requisitos legales que establece la normativa vigente en materia de Administración Local.
Pero no es menos cierto que, en suma, este asunto ha sido uno de los puntos «calientes» que han conllevado los últimos encontronazos producidos en el seno del bipartito, lo cual no es casual, habida cuenta que en el horizonte ya se huele la precampaña electoral y cada cual quiere marcar el terreno, ante su electorado, no vaya ser que el pez grande se coma al chico, como así puede ser, pues a ningún analista imparcial se le escapa cómo Emiliano Gacía-Page se va afianzando cada vez más ante los ciudadanos, electores en suma, como consecuencia de la rentabilización que está haciendo de una política de acciones que se palpan en la calle, pues, por mucho que la oposición lo niegue, ahí están las obras en la calle, las actuaciones, siendo tangibles y evidentes e imposible negarlo. Obviamente hasta aquí pareciera que el dato ha de beneficiar a ambos socios, pero mucho me temo que ello no será así; por lo que Izquierda Unida querrá marcar distancias para «vender» su propio producto político, pues de este que ahora comparte, como digo, poco o nada va a sacar; sin perjuicio de que García-Page desea (lógicamente) refrendar esta legislatura con una mayoría sin paliativos en las próximas elecciones, y en ello ya se están empleando tanto él como sus estrategas de Partido y el resto de sus concejales socialistas.
De cualquier forma, y como consecuencia de esta comida de «hermandad», seguramente se van a derivar nuevas fórmulas para no romper el pacto antes de tiempo; llegar, con la mejor compostura posible, hasta la campaña electoral; y, en ese momento, cada cual que se busque la vida.
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