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Memoria Robada | Otro posible caso de bebé desaparecido en el hospital Virgen de la Salud

La foto de mamá

Marta García/ Toledo - domingo, 25 de septiembre de 2011
El caso de Pilar. Esta toledana busca a su hija desde hace meses tras sospechar que su segunda melliza no murió tras su parto en 1978. Ha localizado a una joven con gran parecido físico a sus hijas, pero las pruebas de ADN descartan el parentesco

Pilar se quedó helada el día que decidió enseñarle una foto a su nieta de dos años. Un escalofrío le recorrió el cuerpo como un latigazo eléctrico. -«¡Mamá, mamá!», soltó la pequeña con alegría sin saber qué tenía de particular la foto del ordenador. No era mamá, pero para Pilar era una prueba más de que la joven de Oviedo que sonríe en la pantalla puede ser su hija, fallecida al nacer en el Hospital Virgen de la Salud de Toledo.

Una prueba más de que las ganas de encontrarla empiezan a encajar por el gran parecido físico de esta joven, «casi idéntica», dice Pilar, con la segunda de sus hijas y muy parecida a la primera. Un caso curioso porque esta toledana lleva muchos años con sospechas de que su melliza fue uno de esos bebés robados, pero el parecido físico de la joven asturiana desentona porque debería encajar más físicamente con su primera hija por ser la melliza que con la segunda, que nació un año más tarde.

su historia. «Desde el principio tuve la cosa de que me la habían quitado». Pilar era demasiado joven, 19 años, y se conformó a medias con la explicación que le ofreció su marido tras haber sido informado. «Me dijo que los médicos sólo se habían preocupado por mí, que la niña iba a quedarse ciega porque había tragado mucha guarrería y habían preferido no revivirla...» A Pilar se le anuda la garganta con el relato.

El 23 de noviembre de 1978 se puso de parto de sus mellizas sietemesinas. Pilar y su marido vivían en Yuncler y prefirieron tenerlas en casa. La primera llegó sin problemas, «pero la segunda venía de nalgas y nos tuvimos que trasladar al Virgen de la Salud para evitar problemas. «Me ingresaron, me durmieron y...» Dio a luz a las cuatro de la madrugada según el historial médico del hospital. Han pasado casi 34 años, pero Pilar todavía se atropella con sus recuerdos porque sigue sin entender lo que ocurrió en el paritorio. «Ya no sé nada más. Me desperté y no pude ver a mi hija». Estuvo hospitalizada cinco largos días junto a su otra pequeña martirizándose a preguntas.

Al día siguiente la madre de Pilar insistió para ver el cadáver de la pequeña y quedarse tranquila. Por fin, lo consiguió y se encontró «con un bebé con la cabeza vendada, salvo el óvalo de la cara, encima de una pequeña mesa. «Pregunté que había pasado y me dijeron que la niña llevaba el cordón enrollado por el cuello», interrumpe la anciana para añadir comentarios a una historia que no puede perder detalles. Pero a ninguna de las dos les encaja lo sucedido, aunque la madre de Pilar sí considera que aquella pequeña que vio era su nieta. Poco después se enteraron de que el hospital se encargó del entierro del bebé, tras solicitar 3.000 pesetas a la familia para cubrir los gastos.

La historia de Pilar Inogés Parra se quedó estancada hasta hace pocos meses, cuando estalló el tema de los niños robados durante el franquismo y los medios de comunicación se volcaron con la problemática y con las familias afectadas que denuncian estas prácticas. «Cuando vi el caso de las famosas hermanas gemelas de Valencia, cuyas pruebas de ADN han resultado negativas, empecé con lo mío». Ya no había quien la frenara. «Me puse a investigar por internet y escribí en algunas páginas contando un poco mi caso». Por si había suerte. «A los dos días me contestó una chica de Gijón que nació el mismo día que mi hija Pilar».

Intentó no dejarse llevar por los nervios, pero la joven de asturiana fue hilvanando una historia que remendaba la suya. «Cuando me mandó su foto me quedé helada porque es idéntica a Ana, mi segunda hija, y se parece muchísimo a Pilar, la melliza». La joven, madre de una adolescente de 14 años, le comentó que su hija tiene un antojo en el muslo, el mismo que colorea la piel de Ana, la segunda hija de Pilar. Y por si fuera poco, se le nota un defecto genético en el dedo meñique, la misma falange torcida que Pilar luce en su mano derecha.

incógnitas. Su pareja actual también se contagió de la euforia de ambas y animó a Pilar a viajar a Gijón para conocer a esta joven que fue adoptada en Oviedo una semana después de su nacimiento. «Las dos nos emocionamos mucho cuando nos encontramos y sentimos algo especial». Aprovecharon el encuentro para contarse sus vidas y para acercarse a los laboratorios Genómica, famosos por colaborar con la asociación Anadir en estos casos, y hacerse las pruebas de ADN en Oviedo. Tuvieron que esperar algunas semanas por el exceso de trabajo de los laboratorios a pesar de pedir la información con cierta insistencia por teléfono.

«Nos dijeron que el resultado era negativo y nos lo mandaron por escrito al mes». Pilar se quedó sin ganas de continuar buscando a su pequeña melliza después del varapalo, pero el disgusto le duró días porque también empezó a sospechar del fallo de las pruebas. «Vimos bastante falta de higiene en los laboratorios y cuando nos tomaron la muestra ni siquiera la metieron en un tubito». La dudas fueron cobrando fuerza con los días y a Pilar le llegó un importante error de estos laboratorios. Enrique Vila, antiguo abogado de Anadir, ha difundido una carta para que los afectados que buscan a sus familiares conozcan los fallos de Genómica relatando el caso de una madre y una hija que parecían no tener parentesco a pesar de que insistían en que había una equivocación. Finalmente, las pruebas han dado la mano a esa madre y a su hija tras varios meses.

De momento, Pilar quiere que repitan sus pruebas, aunque no tiene muy claro dónde. Mientras se lo piensa, ha logrado hablar con una técnica muy amable de Genómica sobre su caso concreto y le ha comunicado que las pruebas se toman con dos hisopos. «¡Y a nosotras sólo lo hicieron con uno!». Así que revisarán el caso otra vez.

Su historia tenía que encontrar un buen final y empezó a mover papeles para conseguir documentos sobre aquel parto. Pidió la historia clínica y el Hospital Virgen de la Salud se la facilitó en poco tiempo. Un documento que para Pilar también levanta sospechas porque aparece escrito que la primera melliza que nació en Yuncler, donde vivía entonces aunque ella es de Illescas, la tuvo en «la sala de partos». También indica que la segunda melliza pesó 2,480 kg. «¿Por qué la pesaron si falleció?». Las preguntas no paran de agolparse: «¿Por qué las administraciones de entonces nos dieron 6.000 pesetas, 3.000 por cada niña si una de ellas murió?» «¿Por qué falleció si la otra nació bien y dicen que los bebés aguantan bastante tiempo tras romper aguas?» «¿Por qué no pude hablar con algún médico?» «¿Por qué en el registro del cementerio no aparece nada si hubo un entierro de un bebé muerto a las horas de nacer días después y se anotó el nombre de su madre?»

Pilar no quiere quedarse con sospechas y se plantea acudir a la Fiscalía, pero se encuentra un poco perdida y sabe que los tribunales todavía no han sentado en el banquillo a ningún acusado a pesar de que superan el millar de denuncias. Todavía se acongoja cuando siente que su caso puede seguir el mismo camino que el de estas hermanas de Valencia... Entonces mira la foto de la joven de Gijón con la esperanza de ser su mamá.

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