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Memoria robada

La doble muerte del bebé de Juana

Marta García / Toledo - domingo, 3 de abril de 2011
Juana Cobo siempre ha dudado del fallecimiento de su primera hija. Ingresó de noche en la Clínica de Santa Cristina, en Madrid, el 4 de enero de 1974 para dar a luz, pero a las pocas horas el feto murió.

Madrugada del 5 de enero de 1974. Juana Cobo acaba de dar a luz en la Clínica Santa Cristina de Madrid, pero a las 3.20 horas el bebé fallece según el resumen de la historia clínica que ha recibido recientemente la familia. No, no. Perdón. La niña nace a las 3.20 horas según el legajo de aborto, el documento que se expide tras la muerte de un bebé que no alcanza vivo 24 horas. El baile de horas en los documentos que guarda Charo, una de las tres hijas de Juana, prueba que en el paritorio de esta clínica madrileña ocurrió algo sospechoso. Al menos es lo que piensa esta familia de Seseña desde aquella madrugada aunque no lo haya denunciado hasta ahora.

Juana, de 18 años, llegó aquella noche al hospital acompañada de su marido y del resto de la familia. «Los médicos le dijeron a mi padre que el parto iba para largo y le pidió que se fueran a casa y volvieran al día siguiente por la mañana», explica Charo Martín confusa por el sinsentido de unos papeles que no cuadran con la historia de su madre. El matrimonio se casó en noviembre de 1973 y se instaló en Seseña, pueblo natural de su padre, pero como el embarazo estaba muy avanzado y los abuelos maternos se encontraban en Getafe por la dolencia del abuelo Juana se marchó directamente a la clínica madrileña en lugar de dirigirse al Hospital Virgen de la Salud de Toledo.

«La durmieron durante el parto, pero ella se despertó y escuchó decir al personal que se trataba de una niña. Cuando quiso hablar y verla más de cerca le dijeron que se quedase quieta, la volvieron a dormir y ya no supo más de su bebé». Charo quiere llegar hasta el final porque sus sospechas crecen cada día con los distintos casos que denuncian decenas de mujeres que dieron a luz en este hospital, uno de los más activos en el tráfico de robos de bebés durante los años 70, junto a la Maternidad de O"Donnell, situada en la misma calle, y la clínica San Ramón, todos unidos, al parecer, en una misma red durante años.

«Mi padre llegó al día siguiente y le comunicaron que el feto había muerto por heridas de los fórceps, que habían tenido que utilizar durante el parto». Pero la familia no se conformó con las palabras de los médicos y él, la abuela y una tía pidieron ver al bebé. Y aunque la mayoría de las veces los hospitales implicados en el robo de niños eludían la situación y se resistían a la petición, los tres «vieron a un bebé con tres cicatrices, una en la cabeza, otra en el corazón y una tercera en la tripa».

La familia no comprendía nada, pero el padre de Charo preguntó poco después por qué se le había practicado la autopsia al feto sin el consentimiento familiar si estaba tan clara la causa del fallecimiento. No obtuvo respuesta. «Le dijeron que firmase los papeles para poderla enterrar y ya está. En aquellos momentos tampoco se le podía replicar a un médico, eran como dioses», confiesa Charo perpleja todavía.

El consentimiento que firmó su padre para enterrar al bebé también alimenta las sospechas de esta familia porque en el legajo de aborto que ha recibido Charo recientemente la casilla de la licencia para el enterramiento figura en blanco y lo mismo ocurre con el lugar elegido y con la firma del funcionario del Registro Civil. Sin embargo, el documento, que consta de tres páginas, recoge que el parto «fue normal» y no menciona el problema de los fórceps.

las horas. La causa de la muerte tampoco está clara. La historia médica explica que se trataba de un «feto acráneo», es decir, que nació con una anomalía incompatible con la vida, según el criterio médico, por falta de formación de los huesos de la bóveda craneal. Si bien, el legajo de aborto lo omite y sólo indica que murió dos horas y diez minutos después del parto, añade que «el feto presenta señales evidentes de descomposición» y se autoriza el enterramiento.

La familia se ha encontrado con una buena sorpresa por los errores de ambos documentos. En el resumen de la historia clínica facilitada por el hospital se indica que el feto muere a las 3,20 horas del 5 de enero de 1974, pero el legajo de aborto recoge esta hora como la del nacimiento y registra la muerte a las 5,30 horas.

El boom de casos de bebés robados desde hace algunos meses ha animado a esta familia a denunciar el suyo junto a la Asociación Nacional de Afectados por Adopciones Irregulares (Anadir), colectivo que presentó una demanda conjunta con 262 casos en la Fiscalía General del Estado en enero y prepara otra con cerca de mil adhesiones. Pero no es el único colectivo porque las plataformas de afectados de Clínicas de Toda España y de San Ramón también ultiman demandas conjuntas con cientos de casos.

Charo quiere dejar claro que su familia siempre ha sospechado que aquella clínica madrileña le robó a su primera hija. «Mi madre lo ha dudado desde el principio, pero como mi padre vio el cadáver de un bebé, pues tampoco lo sabía seguro».

Además, su hija recuerda la obsesión de su madre con los tres siguientes partos, dos de ellos en el Virgen de la Salud de Toledo y el último en Valencia, donde la familia vivió varios años. «Cuando daba a luz lo único que quería era ver a los bebés y tocarlos, como si fuera una necesidad para evitar que desaparecieran».

El rompecabezas empieza a encajar las piezas que se resistieron en aquella época. «He escuchado muchas veces comentar a mi abuela que el bebé fallecido que le enseñaron pesaba, por lo menos, tres kilos, pero mi hermana sólo nació con 1,9 kilos», según indica la documentación.

Charo está moviendo la historia para que llegue a todos sitios, incluso a la Casa Real, a la que remitió un escrito el 7 de marzo y ha recibido ya contestación del secretario, que ha enviado su caso al Ministerio de Justicia. Es consciente de las dificultades de encontrar a su hermana en un mapa de miles de niños robados y dados en adopción a familias pudientes, en muchos casos, sin dejar rastro. Por eso, Juana se ha realizado las pruebas de ADN que podrían descubrir la compatibilidad con alguna joven de 37 años adoptada.

«Es difícil». Charo no lo niega, pero lo quiere intentar por su madre, para que Juana «sepa que está viva y dónde se encuentra».

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