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Adopciones irregulares

La sexta planta

Marta García/Toledo - lunes, 28 de marzo de 2011
La familia Suela Parra sospecha que le robaron el bebé que ingresó en el Hospital Virgen de la Salud el 24 de enero de 1972. El pequeño Jesús permaneció casi tres días allí hasta su muerte. En el archivo del hospital no figura el ingreso del bebé

A Estudita Parra se le estremeció el cuerpo cuando se asomó a la cristalera de la estancia donde descansan las incubadoras para ver a su nieto recién nacido hace cuatro años, pero prefirió no decir nada. Intentó disimular para ganarle el pulso a su mente, que congela desde hace casi cuarenta años la imagen de su pequeño vestido y envuelto en una toquilla blanca poco antes de ingresar en el Hospital Virgen de la Salud la tarde del 24 de enero de 1972. La sexta planta, una gran cristalera, los bebés llorando, los familiares observándoles al otro lado... «El ambiente hace cuatro años era distinto y el hospital ha cambiado bastante, pero me acordé mucho de mi hijo el día que visité a mi nieto en neonatos». En este caso, el pequeño obtuvo el alta en una semana, pero en el suyo tuvo que conformarse con recordar su carita y su cuerpo menudo porque no volvió a verle.

«Siempre he tenido la sospecha de que me cambiaron al niño mientras estuvo ingresado», explica Estudita emocionada todavía. Su historia guarda muchas similitudes con las de cientos de familias que están denunciando el robo de bebés entre los años 60 y 80, y sospechan que sus hijos no murieron tras el parto, sino que formaron parte de una oscura trama de adopciones irregulares gracias a importantes sumas de dinero en la mayoría de los casos. Pero las sospechas de Estudita van más allá porque se apoyan en documentos que prueban «que algo raro pasó» con el ingreso de Jesús Suela Parra, el bebé prematuro de 26 días que no aguantó un resfriado.

LA HISTORIA

«El niño nació antes de tiempo y lo tuve en mi casa de Illescas el 31 de diciembre de 1971. Nació sano, pero no asimilaba bien la leche y tenía poco peso», recuerda Estudita convencida de sus sospechas. «Se acatarró, lo llevé al pediatra del pueblo y me recomendó trasladarlo al Hospital Virgen de la Salud para que le pusieran unos sueros, así que cogimos un taxi y nos fuimos para allá».

El ingreso del Jesús no fue el que esperaban unos jóvenes padres primerizos. «Me arrebataron a mi hijo en cuanto llegamos al hospital. Estuvimos esperando horas a que algún médico nos dijera cómo estaba el niño. Conseguí preguntarle a una enfermera si se iba a quedar ingresado y me dijo que sí, así que nos marchamos a casa porque no podíamos verle hasta el día siguiente».

Esa tarde fue la última que tuvieron contacto físico con el bebé. El matrimonio volvió al hospital al día siguiente y se le proporcionó una tarjeta de visita para que pudiera verle de tres a cinco a través de la cristalera, en la sexta planta. «Los padres no podían entrar, sólo lo hacía el capellán». Todavía conserva esa pequeña cartulina de color azulado con el sello del hospital, la fecha de emisión de la tarjeta y los días señalados en los márgenes para cortar uno por cada visita. «No sé si he conservado la tarjeta como recuerdo o como sospecha, pero la he guardado durante 39 años porque es la única prueba que tenemos de que el bebé estuvo ingresado en el Virgen de la Salud». Su preocupación se mezcló con cierta incomprensión porque nadie les comunicó a los padres aquel día como se encontraba el niño y el matrimonio se conformó con pegarse a la cristalera y ver cómo se movía de lejos, junto a otros bebés ingresados en la misma estancia.

El día 26, Estudita llegó al hospital acompañada de una vecina de confianza. «Subimos a ver al niño las dos y me preguntó cuál era, cuando señalé donde estaba, bastante lejos, por cierto, me dijo que el niño que yo decía no tenía tanto pelo como el mío, pero no le di importancia porque estaba boca arriba y estaba convencida de que sólo era su impresión».

Sin embargo, Estudita le ha comentado muchas veces a Palmira, una de sus cinco hijos, que puede que el niño desapareciera el día del ingreso y que el que señalaron como suyo fuera de otra madre. Tampoco tuvo suerte esa última tarde para hablar con un médico, pero una enfermera le comunicó que su hijo estaba mejor y ya tomaba el biberón, así que se fue a casa más tranquila.

El teléfono sonó en casa de una vecina a primera hora el día 27. «Le dijeron que el bebé había muerto, así que cuando lo supimos, cogimos un taxi y vinimos al hospital. Preguntamos y bajamos al sótano, pero nos comentaron que no podíamos verle y que estaban todos los trámites arreglados, que se lo llevaban a enterrar. Nadie pudo verle, aunque un familiar preguntó la causa del fallecimiento y uno de los trabajadores dio a entender que fue un derrame cerebral. Llegó un furgón y se llevó una caja blanca, que fue lo único que vi, pero no sé que iba allí». Tampoco le devolvieron aquella toquilla blanca que le regaló la abuela ni la ropa del bebé.

Estudita se arrepiente por no haber insistido en aquel momento para ver el cadáver del bebé. «Si esto me llega a pasar hoy seguro que lo hubiera visto», explica, pero tenía 18 años, se encontraba aturdida, hundida por la noticia y en medio de una sociedad en la que sólo los que disfrutaban del poder se atrevían a denunciar.

Las sospechas han anidado estos 39 años, pero la familia lo ha llevado en silencio hasta que han conocido la multitud de casos de niños robados en distintas clínicas españolas que se están denunciando en la Fiscalía y en los medios de comunicación a través de distintas asociaciones. A raíz de esa primera denuncia conjunta de más de 200 casos del colectivo Anadir el pasado 27 de enero, la hija de Estudita empezó a pedir la documentación de su hermano para mover su caso. «Las sospechas crecieron cuando en el Archivo del hospital nos han dicho que no hubo ningún niño ingresado con ese nombre en aquella fecha», reconoce Palmira incrédula porque la tarjeta de visita sellada sí tiene escrito el nombre del pequeño. Jesús Suela Parra. Sin embargo, su historia clínica no ha dejado rastro en el Hospital Virgen de la Salud como señala el escrito remitido desde el Archivo. «Y también he solicitado el cuadro médico del día que ingresó mi hermano y dicen que es muy complicado conseguirlo», apunta Palmira.

El siguiente documento, la partida de defunción, la tiene que aportar el Ministerio de Justicia. De momento, lo único que sabe la familia es que en el libro registro del cementerio municipal figura el nombre del pequeño y su entierro en el osario. Y allí se supone que sigue aquella cajita blanca porque los intentos de esta familia para exhumar los restos y trasladarlos al cementerio de Illescas año y medio después de la muerte del bebé no obtuvieron respuesta.

La familia Suela Parra tiene claro que se unirá a la denuncia conjunta de Anadir, que prepara una segunda con mil casos nuevos. También se realizará las pruebas de ADN por si algún día pueden encontrar a Jesús. «Si lo encuentro me alegraré y si no cuando llegue mi día me quedaré tranquila», reflexiona Estudita esperanzada mientras su hija le lanza una mirada cariñosa. «Es difícil, pero si llega ese día tienes que estar preparada porque no te conocerá y puede que sea feliz con su familia». «Lo sé, pero a mí me gustaría verle aunque él siguiese con su vida».

UN SEGUNDO CASO

Rocío también lleva tiempo buscando documentos que prueben que su hermano murió al poco de nacer en el Hospital Virgen de la Salud en julio o agosto de 1975. No tiene claro cuándo, pero nació un año antes del siguiente hermano. «Mis padres siempre sospecharon de la muerte de este tercer hijo, llevo oyéndolo toda la vida». En su caso aún no tienen la historia clínica de su madre para investigar lo sucedido y sumarse a las denuncias como afectados.

«A mi madre le comieron el coco porque le dijeron que el niño estaba muerto y la convencieron para que no lo viera porque había nacido deformado. Estaba derrumbada».

A Rocío le extraña lo que le ocurrió a su madre en el paritorio. «Cuando la bajaron allí no pararon de hacerle preguntas sobre su situación familiar y sobre los hijos que tenía. Ella siempre nos ha comentado que en esos momentos se encontraba como drogada, como si la hubieran atontado. Cuando dio a luz lo único que recuerda es que le enseñaron un reguño envuelto en una toalla, pero ella no vio al bebé». Y una vez más, el hospital se encargó de todos los trámites para que a la familia no le costase dinero.

Rocío pedirá la historia clínica de su madre al Archivo del "Virgen de la Salud", donde han nacido cuatro de los cinco hermanos, pero se encuentra un poco desorientada con los trámites. Quizá lo único que le puedan ofrecer del niño sea el legajo de aborto, ya que si el bebé nacía muerto o fallecía antes de 24 horas se consideraba un feto. Al margen de los papeles, la familia mantiene sus dudas porque el hospital no les pasó la factura del ingreso, ni del parto ni de la cama, como ocurrió con el resto de partos. «Mi padre era autónomo y tenía que pagar una factura cada vez que mi madre daba a luz, pero con el tercer parto no hubo».

Rocío no comprende por qué hubo tal impunidad con la red de adopciones irregulares. «Se suele decir que se daban en adopción a los niños por motivos económicos pero mis padres siempre nos han sacado adelante». Esta familia de Yunclillos tampoco investigó en su momento. «Mis padres estaban muy afectados porque era el primer varón y les hacía mucha ilusión, pero vivíamos en un pueblo y eran otros tiempos».

OTROS CASOS

Se calcula que hubo más de 300.000 robos de niños entre los años 60 y 90 según los investigadores. Y unos 30.000 si se cuentan los niños que arrebató el franquismo a sus familias en su primera etapa, aunque algunos historiadores insisten en no mezclar los casos porque las adopciones irregulares en las clínicas no guardan relación con una causa política.

El juez Garzón tocó el sonajero cuando se interesó por esta problemática avalada por varios estudios, pero las asociaciones y la solidaridad de las familias afectadas han hecho el resto. Foros, miles de mensajes, listados de hijos que buscan a padres, de padres que buscan a hijos y de hermanos que quieren conocer a los suyos inundan la red cada minuto.

Todos comparten la angustia de la pérdida y la necesidad de buscar más información. Mari Carmen se desahoga hablando de sus gemelos, que nacieron con siete meses y medio en el Hospital Virgen de la Salud, pero «no se los dejaron ver a mis padres». Sonia también quiere compartir con los afectados su historia en el mismo hospital. «Busco a mi hermano. Mi madre no lo vio y a mi padre le dijeron que estaba muerto».

Madres, padres e hijos han perdido el miedo a denunciar y encuentran apoyo en otras familias que ya han decidido acudir a la Guardia Civil, a la Fiscalía, o a los colectivos que canalizan los casos para que no caigan en el olvido y sentirse completos. «Ojalá algún día pueda mirar a alguien que se me parezca y sentir que tengo una familia de verdad», escribe un afectado anónimo en un foro.

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