La Tribuna de Toledo
Saltar Publicidad   Cerrar   

Publicidad

Local
Casco Histórico

Judería toledana: sólo leves síntomas de recuperación

J. Monroy / Toledo - viernes, 7 de enero de 2011
Mientras que algunos inmuebles comienzan a recuperarse, en la antigua Judería medieval se acumulan algunos de los caserones más deteriorados de todo el Casco Histórico toledano

La Judería alta de Toledo surgió en época islámica en lo que hoy es el cerro Virgen de Gracia y la calle de las Bulas. Poco a poco fue creciendo ladera abajo en época cristiana. Se amplió en el espacio y en importancia. Cuando los Reyes Católicos decretaron la expulsión de los judíos en 1492, Toledo contaba con diez sinagogas entre el entorno del actual Museo Victorio Macho a la calle de Rojas.

Durante los últimos cinco siglos, la antigua judería ha sobrevivido, como el resto de la ciudad, en ocasiones en manos de los grandes nobles, en ocasiones merced a los conventos allí establecidos, y muchas veces gracias a la desidia, que ha impedido que el viejo caserío se demoliera para crear inmuebles más modernos. Este particular sistema de conservación toledano ha permitido que lleguen al siglo XXI importantes restos judío, como los que están saliendo a la luz en el número 17 de la calle de las Bulas, restos amenazados todavía hoy por la humedad o la ruina de la zona.

Porque la antigua Judería alta conserva todavía algunos de los inmuebles más deteriorados del Casco Toledano. Aunque poco a poco se van recuperando algunas viviendas, con restauraciones más o menos polémicas, y también se renuevan las calles, con actuaciones muy lentas para algunos, lo cierto es que todavía queda mucho por hacer, y hay algunos viejos caserones, propiedad de gatos, palomas y malas hierbas, que poco más van a aguantar en pie.

Metáfora del barrio puede ser el edifico situado sobre la discoteca Garcilaso, en plena ruta turística. Después de años de ruina, están al fin restauradas dos de sus tres fachadas, las más relacionadas con la hostelería. En cambio, queda el último lienzo, el situado en la calle Rojas, que es motivo de preocupación y queja por parte de la vecindad. El inmueble lleva abandonado más de una década. Durante este tiempo, han caído cascotes a la calle. Incluso llegó a derrumbarse parte del tejado, lo que permitió la entrada de las palomas. La consecuencia fue un tremendo hedor, no sólo por los excrementos acumulados, sino por los dos centenares de aves que encontraron los bomberos cuando sanearon la cornisa. Los vecinos de la zona llevan años solicitando una solución. Los propietarios han presentado un proyecto de obra, y tienen hasta septiembre de 2011 para ejecutarlo. Aunque pueden solicitar ampliaciones.

Justo al lado, en la calle Algibillo, otro inmueble llama la atención por las grietas de sus fachadas y los desprendimientos de sus revocos. El alero del tejado pende de un hilo en un punto. Como en tantos otros espacios del Casco, la ruina coincide con un anuncio de venta.

Durante los últimos años, ha mejorado notablemente la situación de la calle de las Bulas. Algunos edificios en ruina se han remodelado, no sin cierta polémica y críticas por quienes piensan que se podría haber salvado la estructura histórica en lugar de demolerla. Se han creado inmuebles de lujo al inicio del vial, que conviven con conjuntos tremendamente deteriorados. Y mientras tanto, están en marcha unas obras de remodelación del firme por parte del Consorcio muy criticadas por su tardanza. Lo peor de las Bulas se encuentra a la altura del número 19 , con una pared llena de desconchones y grietas, cubiertas llenas de hierbas y unas tuberías que, según sus vecinos, producen filtraciones; pero, sobre todo, está al final de la calle, en los números 36 al 42. Este último es un edificio en ladrillo, sin recubrir. En frente suyo, en un callejón, el número 31 deja ver entre los huecos de su puerta de madera la otrora grandiosidad de un edificio hoy en venta, comido por la hierba. El número 40 y su portada neoclásica parecen querer luchar sin éxito contra el paso del tiempo y las caídas de revoco. Más allá, los inmuebles del 38 y 36, clausurados y con los tejados convertidos en jardín, dan la impresión de estar esperando el colapso.

Junto a las Bulas, en la plaza de la Cruz, siguen los contrastes. Finalmente, después de cinco años de espera, y continuos parones y reelaboraciones del proyecto, por la aparición de restos, en septiembre ha comenzado la rehabilitación de los dos caseríos que constituirán los baños árabes de la plaza de Santa Eulalia. Los promotores prevén que pueden tardar seis o siete meses en concluir la obra.

Mientras tanto, el cobertizo de Doncellas, uno de los pocos en edificios civiles del Casco, está muy degradado por la acción del tráfico rodado, la humedad y la falta de conservación. No es una situación extraña, puesto que ya apuntó ruina en 1780 y 1854. Tampoco parece en su mejor momento el número 1 de la plaza, dominado por un enorme portalón, cuyos relieves visigodos y viga de madera en uso de dintel parecen deteriorados. Hay grietas en la fachada, y el tejado está lleno de hierbas.

Finalmente, la calle Virgen de Gracia también se suma a la línea de paredes desconchadas y abombadas y tejados en peligro, en unos inmuebles clausurados a cal y canto no se sabe desde cuándo.

Compartir en Facebook
Compartir en Google Plus
Compartir en Twitter

>Resultados Deportivos

Fútbol
Al Jazira 1 Real Madrid 2 Finalizado
Grupo Promecal
Se recomienda una resolución de pantalla de 1024x768 y las últimas versiones de los navegadores.
La Tribuna de Toledo digital se basa en el Sistema de Gestión de Contenido desarrollado por Escrol