Irritabilidad, tristeza, insomnio, dolor de cabeza, falta de apetito o desmotivación. Si acaba de regresar al trabajo después de las vacaciones y sufre algunos de estos síntomas, no se alarme, es algo pasajero. Son las consecuencias del conocido coloquialmente como síndrome postvacacional, que aparece cada año con la vuelta a la rutina después del descanso veraniego.
El 56% de los trabajadores reconoce que lo ha sufrido en alguna ocasión, según una encuesta realizada por la empresa de recursos humanos Randstad, que además recoge que casi el mitad de los consultados explica que tarda al menos una semana en recuperarse, mientras que el 37% dice que necesita dos o tres días de ‘puesta a punto’, y un 18% afirma que se supera tras el primer día de vuelta al trabajo.
El informe asegura que el perfil tipo del trabajador afectado es el de una mujer, española, de entre 20 y 44 años y con estudios universitarios. Sin embargo, esta es una teoría poco secundada por los psicólogos y psiquiatras terapéuticos. Sin ir más lejos, la especialista toledana María del Carmen Magán explica que no existe «relación de causalidad» entre un perfil de persona y un síndrome determinado: «las variables se relacionan, pero eso no quiere decir que una sea causa de la otra».
Sin embargo, el informe arguye que el hecho de tener que compatibilizar la vida laboral y personal «hace que a las mujeres les cueste más adaptarse». Así, el 59,05% de las encuestadas afirman sufrir el síndrome postvacacional, frente al 52,64% de los varones. Respecto a la edad, los más jóvenes son los más entusiastas con la vuelta al empleo y los que demuestran signos más rápidos de recuperación. De esta forma, un 53,61% de los menores de 25 años asegura que no sufre los síntomas de lo que algunos consideran una depresión temporal.
En cuanto a la formación, el texto especifica que «cuanto mayor es el nivel académico, más dificultades existen para superar el síndrome postvacacional». Y añade que el regreso al trabajo es más duro para aquellos puestos de mayor cualificación y cuya carga es más intensa o tienen más responsabilidad, en especial el grupo de los titulados universitarios. Mientras tanto, más del 50% de las personas con estudios básicos afirman que no les cuesta volver al trabajo tras su periodo de descanso, debido a que «desconectan más fácilmente y suelen regresar al 100%».
Magán explica que no hay que confundir este síndrome con una depresión, ya que se trata de un estado emocional pasajero que generalmente se supera en una semana.
Fátiga, pérdida de energía, insomnio y dificultad para concentrarse son otros de los síntomas descritos por los expertos para tipificar este estado de ánimo, que se repite cada vez que se vuelve de vacaciones. «Las sensaciones son las mismas, aunque hay que tener en cuenta que en verano los días de descanso son mayores que en Semana Santa o Navidad, y por lo tanto, cuesta más volver», explica.
Y es que, las emociones también viven su particular cuesta de enero, que empieza a subirse a partir de hoy, 1 de septiembre. Bienvenidos.
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