Queda una jornada de la Vuelta a Toledo y la clasificación sigue apretándose en lugar de definirse. El culpable de ello en la etapa de ayer fue José Ángel Rodríguez, del Sanse Spiuk. Su ataque en los últimos metros resultó clave para arañar dos segundos a un Carlos Oyarzun que se aferra con las uñas al liderato. Ajeno a estas querellas, Valdos Siskevicius se impuso en la meta de Bargas demarrando a once kilómetros mientras los favoritos se vigilaban.
Con todo, el día deparó ciertas sorpresas, como un ataque desde lejos del líder para intentar sentenciar la clasificación y el control minucioso del Supermercados Froiz mientras aguantaron las fuerzas. Así transcurrieron los primeros compases de la carrera, que se animó con la primera fuga significativa al paso por Alameda. Sólo se habían cumplido 28 kilómetros de la salida en las instalaciones de la fábrica Würth en Seseña, pero los ciclistas optaron por madrugar a la hora de romper las hostilidades.
Entre los trece valientes, se colaron hombres del Sanse Spiuk, como Luis Alberto Martín y David Girona, dispuestos a desgastar en la medida de lo posible al conjunto del líder. Por detrás, el cuadro gallego no dudó en poner un ritmo constante que mantuviese a tiro a los fugados, que nunca superaron el minuto de ventaja.
Mediada la etapa, se produjo el reagrupamiento y las diferencias entre fuertes y débiles se hicieron patentes. Además, el viento hizo de las suyas para que las escaramuzas dejasen paso a un corte serio que pilló desprevenido a uno de los principales favoritos. Rubén Martínez, del Caja Rural, sufrió una avería en la cadena de su bicicleta en las rampas del alto de Cedillo del Condado y se quedó en el grupo rezagado.
Alrededor de cuarenta unidades aguantaron en el pelotón principal, con el resto de candidatos a la victoria dentro del mismo prestos a eliminar a uno de sus enemigos por la General. La falta de entendimiento por detrás hizo posible que el grupo cabecero contase con medio minuto de margen sobre el hasta ayer líder de la Montaña.
Ataque de Oyarzun. Al ver a un contrincante en la cuerda floja y ante la escasez de compañeros en el grupo principal, el líder tomó la decisión de probar las fuerzas de los rivales desde lejos. Sus condiciones de escalador le permitieron acumular cierta distancia en compañía de Julien Antomarchi, integrante de La Pomme.
El francés colaboró para sumar los puntos en el alto y con la mirada fija en la llegada de Bargas, para el triunfo que le cedería Oyarzun de manera gentil en caso de cruzar la meta de la mano a cambio de una ventaja que sentenciase la Vuelta. Al final, ni el uno ni el otro cumplieron sus objetivos.
La pareja fugitiva consiguió catorce segundos de colchón sobre el grupo perseguidor, en el que los enemigos de Oyarzun unían fuerzas para abortar su golpe maestro. Sanse Spiuk y Lizarte se relevaron en la cabeza para evitar la marcha del maillot amarillo y por detrás, a cincuenta segundos, Rubén Martínez seguía peleando contra los elementos para meterse de nuevo en la pomada.
La coincidencia de intereses provocó que el corredor del Caja Rural se enganchase al grupo perseguidor y que Oyarzun desistiese en su misión de consolidar el amarillo, por lo que se dejó cazar por sus rastreadores junto al valiente Antomarchi.
Eso sí, La Pomme no había dicho su última palabra y Valdos Siskevicius tomó el revelo en la batalla de su compañero a once kilómetros de la llegada. Con un demarraje seco al que nadie respondió, lo que deja entrever los intereses reales de escuadras como el Sanse Spiuk, caminó en solitario hasta plantarse en las calles de Bargas, municipio en el que entró levantando los brazos con quince segundos de adelanto.
Por detrás, los favoritos dirimían sus cuestiones personales por la General a golpe de pedal. Con tantos enemigos de tan diferente condición, Oyarzun no tenía ojos para vigilar a cada ciclista. Quien mejor lo vio fue José Ángel Rodríguez, que ha venido a la Vuelta a por algo más que una victoria de etapa. El de Cebolla tiene buenas piernas y se zafó de la custodia del chileno en el último kilómetro, para arañar dos segundos más al liderato y personificarse como el enemigo público número uno del Supermercados Froiz.
Aunque parece escasa recompensa, el toledano está a cuatro segundos. Con un final como Zocodover en el horizonte, el pequeño botín de Bargas puede valer su peso en oro en la Ciudad Imperial.