La estadounidense Kathryn Bigelow en el momento de recoger el Oscar a la mejor dirección.
En el Día Internacional de la Mujer, una directora conquistó por primera vez el Olimpo de Hollywood. Kathryn Bigelow hizo historia. No solo por tumbar a Avatar, el coloso más grande de todos los tiempos en términos de taquilla, con su película En Tierra Hostil, sino también por convertirse en la primera mujer que gana el Oscar a mejor dirección en los 82 años de estos premios.
David venció a Goliat. Kathryn Bigelow se salió con la suya ante su ex marido James Cameron, y el cine independiente le volvió a ganar la batalla a lo comercial.
En Tierra Hostil se hizo con las estatuillas a mejor película -entregada por Tom Hanks, todo un clásico en estas ceremonias-, dirección (Kathryn Bigelow), edición, guión original, edición de sonido y mezcla de sonido, mientras que Avatar, que aspiraba a nueve premios triunfó únicamente en las categorías de dirección artística, efectos visuales y fotografía.
La realizadora, que subió al escenario visiblemente emocionada lucía un entallado vestido gris de tirantes con un brocado en el pecho en el mismo tono. Todo un modelo de sobriedad para una noche en la que brilló el talento de una mujer discreta.
«Éste es un momento único en mi vida», dijo Bigelow, de 58 años, sobre el escenario, para añadir a modo de sentencia: «Fuimos valientes», en referencia al duro y casi documental largometraje.
La cinta narra el día a día de un comando de artificieros norteamericanos en el Iraq ocupado por el Ejército estadounidense
Mark Boal, guionista del filme, dedicó el triunfo a las tropas estadounidenses desplegadas por todo el mundo. «Quiero dar las gracias y dedicar ésto a nuestras tropas, a las 115.000 personas que siguen en Iraq, a los 120.000 de Afganistán y a los más de 30.000 heridos y 4.000 que no lograron volver a sus hogares», dijo el escritor.
Después de ver cómo su rival y ex marido James Cameron aplaudía a rabiar y soltaba un rutilante «Yes, yes» cuando Barbra Streisand proclamaba a Bigelow como vencedora, las palabras de la triunfadora sobre el director de Avatar no se salieron de la cortesía propia de las grandes citas. «James es un cineasta extraordinario», se limitó a decir la que desde la última edición de los galardones de la meca del cine se ha convertido en historia viva del Séptimo Arte.
También fue especial la velada para Jeff Bridges, quien conquistó su primer Oscar, tras cinco candidaturas, en este caso al mejor actor por Corazón Rebelde, y dedicó el galardón a sus padres -su padre era el actor Lloyd Bridges-.
Sandra Bullock, que horas antes había recibido el premio Razzie a la peor actriz del año, por All About Steve, vivió un momento inolvidable también con su primera estatuilla, por The Blind Side, a la mejor actriz, dedicada a su madre.
Las estatuillas doradas para los actores secundarios fueron a parar, como estaba previsto, a Christoph Waltz (Malditos Bastardos) y Mo’Nique (Precious).
«El Oscar y Penélope Cruz, esto es un súper bingo», dijo Waltz al recibir la estatuilla de manos de la actriz española, con una alusión incluida a una de las frases más célebres de su personaje en el filme, el cazador de judíos Hans Landa.
Después de tres décadas de carrera, el intérprete austriaco de 53 años pasa por el mejor momento de su vida profesional gracias a su interpretación del lenguaraz y cínico oficial de las SS Hans Landa. Antes de que empezaran a lloverle los premios, Waltz era un actor poco conocido, pero entonces llegó el papel de su vida como un nazi lleno de matices, un tipo frío, metódico y cultivado capaz de helar la sangre con una mirada.
Mo’Nique, que se impuso a Penélope Cruz, dedicó el premio a Hattie McDaniel, la primera afroamericana en ganar el Oscar. «Gracias por resistir todo aquello a lo que tuviste que hacer frente para que yo no tuviera que hacerlo», manifestó.
La cinta sobre el anciano que vuela con su vivienda atada a unos globos para cumplir un sueño de juventud, Up, se impuso, tal y como estaba previsto, en la categoría de mejor película de animación.
Además, Lauren Bacall y Roger Corman, merecedores del Oscar honorífico, recibieron una ovación en pie por parte del público reunido en el teatro Kodak, pero la organización no les dio la oportunidad de subir al escenario.
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