La agencia de calificación crediticia Fitch dejó ayer una noticia buena y una mala para la Región. La buena es que no ha bajado la nota a Castilla-La Mancha, aunque sí lo ha hecho a un total de doce gobiernos regionales y locales. La noticia mala es que mantiene el rating de la Región en revisión para una posible rebaja, pendiente de información adicional sobre su liquidez y sus necesidades de financiación. En actualidad, la nota de Castilla-La Mancha está en "BBB+", a dos escalones de lo que se considera bono basura.
Fitch también ha decidido mantener en revisión las notas de las comunidades de Cataluña, que tiene un "A-" y de Murcia, que tiene un "A". Entre las comunidades autónomas a las que sí ha bajado la nota, destaca la de Madrid, que pasa de un "AA-" a un "A", y las de Andalucía, Asturias, Canarias y Cantabria, que bajan de "A+" a "A". La perspectiva de todos estos ratings es negativa. Asimismo, la agencia también ha recortado en dos escalones la calificación de las ciudades de Barcelona, Madrid, Pamplona y Vigo, desde "AA-" a "A", situando todos ellos en perspectiva negativa.
Todas estas rebajas no son más que una consecuencia en cadena de la decisión que tomó Fitch de recortar la calificación de España en dos escalones, desde "AA-" a "A". Según la política de la agencia, esto obliga a bajar las notas de muchas autonomías porque los gobiernos regionales o locales no pueden ser superiores a los de los países a los que pertenecen, salvo «circunstancias excepcionales».
Entre esas excepciones se encuentran Álava, Vizcaya y Guipúzcoa, cuya calificación ha pasado desde "AA+" a "AA" con perspectiva "negativa". Asimismo, ha confirmado el rating "AA" de la ciudad de San Sebastián.
Con Fitch se repite la misma historia de hace unas semanas con Moody´s. El 12 de enero, esta agencia de calificación amenazó a Castilla-La Mancha con volver a bajar el rating de su deuda, que sitúo el pasado otoño al nivel de "bono basura" con perspectiva negativa.
La historia se repite.
Al igual que Fitch, Moody"s no cumplió la amenaza de octubre de volver a bajar el rating regional (que se mantiene en el Ba2), dando un respiro a Castilla-La Mancha y a sus actuales problemas de financiación y déficit público. Un stand by clave, puesto que en el 60 por ciento de los casos el hecho de dejar a una Región en observación termina, tres meses después, con una nueva bajada de nota.
Aquel día, el PP insistió en ese hecho. La entonces diputada Carmen Casero -hoy consejera de Economía- apuntó que la no rebaja de la deuda regional permite «un margen de acción». Desde el PSOE, en cambio, se atribuyó la amenaza a la acción de Cospedal: «Lo que ha conseguido es que cuando se habla de la economía de Castilla-La Mancha se piense en negativo.