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Un sí a la Constitución en Toledo menos abrumador

C.S. Jara - jueves, 6 de diciembre de 2018
Un sí a la Constitución en Toledo menos abrumador - Foto: Fede
La provincia de Toledo se situó entre las movilizadas en el referéndum de 1978, pero no de las más entusiastas del país en su apoyo a la Constitución. Con todo, el 82 por ciento de los votantes toledanos dieron su conformidad a la Carta Magna

Ni con el entusiasmo de andaluces o catalanes ni, desde luego, con el escepticismo de vascos y navarros. Así votó la provincia de Toledo la Constitución Española en el histórico referéndum de 1978, del que se cumplen 40 años. El sí fue muy mayoritario, con un 82 por ciento de los votos favorables al texto constitucional que iba a abrir el camino a la normalidad democrática, pero se quedó a seis puntos de distancia de la media alcanzada en el conjunto del país, donde la Constitución se refrendó con un apoyo del 88 por ciento de los participantes en la consulta.
Salvando el caso aparte que marcaron los territorios de Euskadi y Navarra, Toledo tuvo el dudoso honor de estar entre las cuatro provincias que marcaron los mínimos, por otra parte muy altos, de votos favorables al texto de 1978. Burgos, Guadalajara y Palencia compitieron en escepticismo e incluso superaron al de la provincia de Toledo, aunque fuera solo por unas décimas.
Con todo, los 220.715 ciudadanos de Toledo que dieron el sí a la Carta Magna, ganaban por un mundo de distancia a los 39.027 que votaron en su contra. A pesar de ello este último dato vuelve a resultar significativo, porque la proporción de ‘noes’ alcanzó el 14 por ciento, claramente superior al 8 por ciento que se registraba en el total de votantes del referéndum. La capital se contó entre los municipios con mayor rechazo a la naciente Constitución; en la ciudad votaron en contra 5.578 ciudadanos, un relevante 19,80 por ciento del censo, más de nueve puntos por encima de los resultados registrados en la otra gran ciudad de la provincia, Talavera.
 A diferencia de los territorios donde más triunfó el voto anticonstitucional, en Toledo se registró una movilización significativa del electorado, hasta alcanzar una participación del 78 por ciento, una de las más altas de aquel 6 de diciembre, claramente por encima del resto de las provincias castellano-manchegas, y hasta 11 puntos más que la media española. Al igual que en el referéndum de 1976, la participación de las zonas rurales superó a la de las ciudades y el apoyo a la Carta Magna estuvo también por debajo en las segundas.
Hay que tener en cuenta que en el territorio regional no concurrían las especiales circunstancias registradas en Euskadi, donde el nacionalismo había propugnado abiertamente la abstención, ni se registraba la excepcionalidad de Galicia, donde la meteorología se alió con el abstencionismo, situando la participación en el entorno del 50 por ciento. Si se comparan los resultados con el resto de autonomías, la alta participación, el 73,82 por ciento, coloca a Castilla-La Mancha como la segunda región en participación, solo superada por la Comunidad Valenciana (74,14 por ciento).
En las cinco provincias de Castilla-La Mancha, como ya había ocurrido en el referéndum para la reforma política de 1976, la participación en la consulta sobre la Constitución supera la media nacional en casi siete puntos, al situarse en el 73,82 por ciento. Albacete fue la provincia que más apoyó la Constitución (88,9 por ciento), seguida de Ciudad Real, con el 85,81 por ciento. Guadalajara (14,25 por ciento) y Toledo (14,58 por ciento) son las provincias que más apoyan el ‘no’.  En este sentido, la región es la cuarta comunidad con mayor número de ‘noes’, tan solo superada por el País Vasco, Navarra y Cantabria.
La posición de los partidos.  El apoyo a la Constitución había sido defendido por la  mayoría de las formaciones políticas y la posición contraria se concentraba en el entorno de los nostálgicos del franquismo y en el sector más conservador de Alianza Popular. En esta formación el voto del proyecto constitucional estuvo dividido cuando llegó a las Cortes, siete parlamentarios votaron por el sí con Manuel Fraga Iribarne, cinco optaron por el no y otros tres se abstuvieron. Entre estos últimos se encontraba Licinio de la Fuente, toledano de Noez que había conseguido escaño por su provincia en las primeras generales de 1977.
«Si se tienen en cuenta los resultados acaecidos en las elecciones de 1977, resulta difícil no llegar a la conclusión de que en la región castellano-manchega, una buena parte de los votantes de AP en esos comicios optaron por votar ‘no’ en 1978», concluye José Antonio Castellanos López en su libro «La transición democrática en Castilla-La Mancha (1976-1983). Proceso autonómico y construcción regional».
En el caso concreto de Toledo, merece la pena detenerse en el papel de algunos personajes representativos y con fuerte vinculación con la provincia, que apostaron por el escepticismo, cuando no por la oposición frontal al texto constitucional y que bien pudieron influir en el voto ciudadano.
«Eso no se pregunta. Ha sido un no con el tamaño que permite la papeleta, porque si no hubiera sido mayor». Es lo que dijo el líder de Fuerza Nueva, Blas Piñar, cuando un redactor de Radio Nacional le interpeló por su voto el 6 de diciembre de 1978. Toledano, en 1977 Piñar había sido candidato al Senado en la provincia por  ‘Alianza Nacional 18 de Julio’, la coalición que con un nombre nada equívoco concentró a las fuerzas reaccionarias, entre las que se encontraba Fuerza Nueva. Consiguió 33.399 votos, una cifra que se quedó muy lejos de darle representación, pero que evidenció en cambio el apoyo de su tierra. En el Congreso, la unión del posfranquismo se consagró como quinta fuerza política en la provincia con 6.682 sufragios, el triple, por ejemplo de lo que la misma formación cosechó en la provincia de Sevilla. Un año después, en las primeras elecciones municipales de la recién recuperada democracia, el apoyo en la capital quedó explícito, al conseguir Fuerza Nueva un concejal.
Otro de los nombres destacados de la provincia que se distanció de la Constitución fue el cardenal primado Marcelo González Martín. La carta pastoral ‘Ante el referéndum sobre la Constitución’ que dirigió a la diócesis pocos días antes del 6 de diciembre abogaba, si no por el voto contra, sí al menos por la abstención. 

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